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Discurso de graduación 2020 - 2021


Estimada Comunidad Educativa Agustiniana:

 

“Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial.”

 (San Agustín, Ciudad de Dios: 14,28)

 

Dios, Patria y Hogar reza el lema de nuestra querida institución. Hoy los jóvenes de la Unidad Educativa San Agustín de Guayaquil, aquí presentes, se unen a todos los bachilleres del Ecuador para congratularnos por su incorporación.

 

Para la Grecia antigua, el niño debía irse formando en las escuelas hasta que llegue a ser un ciudadano; es decir, se exalta el ideal de la comunidad, de la “polis”, de la Patria, ante la cual todo debe sacrificarse y subordinarse. Roma de su lado proponía una educación hacia la moralidad. Séneca, filósofo estoico, relacionaba los conceptos pedagógicos y ciudadanos, con la conquista de la virtud, la supresión de los vicios y la obtención de la felicidad ordenando la propia vida.

 

Aspiramos que los jóvenes agustinos y agustinas que hoy se gradúan, y que han tenido muchos años de formación educativa católica agustiniana, sean el fermento en la masa, sean hombres y mujeres que hagan la diferencia ante la ola de destrucción de la sociedad virtuosa. Lleguen a construir, como Nuestro Padre san Agustín anhelaba, la Ciudad de Dios.

 

Quisiera terminar mi discurso de orden, evocando y pidiendo la intercesión del Santo Papa Juan Pablo II, quien escribió una carta apostólica titulada “Agustín de Hipona”: “Para terminar, voy a dedicar una palabra a los jóvenes, a quienes Agustín amó mucho como profesor antes de su conversión, y como Pastor, después. Él les recuerda su gran trinomio: verdad, amor, libertad; tres bienes supremos que se dan juntos. Y les invita a amar la belleza, él que fue un gran enamorado de ella. No solo la belleza de los cuerpos, que podría hacer olvidar la del espíritu, ni solo la belleza del arte, sino la belleza interior de la virtud, y sobre todo la belleza eterna de Dios, de la que provienen la belleza de los cuerpos, del arte y de la virtud. De Dios, que es “la belleza de toda belleza”, “fundamento, principio y ordenador del bien y de la belleza de todos los seres que son buenos y bellos”. Agustín, recordando los años anteriores a su conversión, se lamenta amargamente de haber amado tarde esta “belleza tan antigua y tan nueva”, y quiere que los jóvenes no le sigan en esto, sino que, amándola siempre y por encima de todo, conserven perpetuamente en ella el esplendor interior de su juventud”.

 

Queremos juntos ser caminantes por los senderos de la educación agustiniana.

P. Fr. Marcelo Altamirano, OSA

RECTOR